El cuidado adecuado de una planta de albahaca implica regarla con regularidad, proporcionarle la cantidad adecuada de luz solar y asegurarse de que tenga un suelo bien drenado.
Las plantas de albahaca necesitan un riego constante, asegurándose de que la tierra esté húmeda pero no encharcada.
Riégalas siempre que el primer centímetro de tierra esté seco al tacto.
Las plantas de albahaca pueden prosperar en interiores siempre que reciban al menos 6 horas de luz solar brillante e indirecta al día.
Considera la posibilidad de colocarlas cerca de una ventana soleada.
Los abonos orgánicos como el compost o la emulsión de pescado son opciones estupendas para alimentar tu planta de albahaca.
Aplícalos cada 4-6 semanas durante la temporada de crecimiento.
Inspecciona regularmente tu planta de albahaca en busca de plagas como pulgones o arañas rojas.
Utiliza insecticidas orgánicos o aplica aceite de neem para mantenerlos a raya.
Puedes empezar a cosechar hojas de albahaca cuando a la planta le hayan salido unos cuantos grupos de hojas verdaderas.
Pellizca las hojas superiores para favorecer un crecimiento más tupido.
Para guardar las hojas de albahaca cosechadas, lávalas con cuidado y sécalas a golpecitos.
Después, colócalas en un recipiente hermético o congélalas para su uso posterior.
La albahaca puede cultivarse fácilmente a partir de semillas.
Siémbralas en el interior en bandejas de semillas o siémbralas directamente en tierra bien preparada al aire libre.
Las plantas de albahaca prefieren niveles moderados de humedad.
Si el aire es seco, puedes aumentar la humedad colocando una bandeja con agua cerca o utilizando un humidificador.
Normalmente, las plantas de albahaca tardan entre 8 y 12 semanas en pasar de la semilla al punto en que puedes empezar a cosechar las hojas.
Factores como la temperatura y las condiciones de cultivo pueden afectar al plazo de crecimiento.